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Foto Julieta Steimberg

Ana Godel nace en Buenos Aires en 1935.
Estudia en las dos Escuelas Nacionales de Artes Visuales "Manuel Belgrano" y "Prilidiano Pueyrredón". Luego en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”.

En 1974 realiza su primera muestra de dibujos en la Galería Atica de Buenos Aires.

Al año siguiente viaja a Europa y es es invitada a exponer en la Galería Burdeke, Zurich y Paesi Nuovi, RomaEa
Le siguen: Galería San Diego, Bogotá. Galleria Gian Ferrari, Milán. Galleria dell’Obelisco, Roma. Angela Flowers Gallery, Londres. Galería Tema, Buenos Aires. Galerie Gisèle Linder, Basilea, entre otras.

En 1976 es invitada a realizar litografías y grabados para una sociedad de ediciones de arte, en Zurich. Su permanencia en Europa se prolonga durante varios años, en los cuales profundiza sus conocimientos del grabado y la litografía, trabajando en talleres de Zurich, Frankfurt y París.

En 1996 recibe el primer premio adquisición de dibujo en el Salón Nacional de Dibujo y Grabado, en Viedma, Argentina.
Poseen obras suyas el Museo de Arte Contemporáneo de Cholet, Francia y el Museo de Arte Contemporáneo de Managua, Nicaragua. En Buenos Aires el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo del Grabado y el Congreso de la Nación.

Otras obras se encuentran en colecciones privadas de Alemania, Argentina, Colombia, España, Francia, Italia, Suiza y Gran Bretaña.
Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires.

Han escrito sobre Ana

Para Ana Godel la tela anudada se transforma en el más importante portador de símbolos. Tela que serpentea en el aire como un ser viviente; tela retorcida hasta casi desgarrarse; tela maniatada por cuerdas: imagen - símbolo que la artista convierte en una representación llena de fuerza, de la violencia y la resistencia. Dos cualidades complementarias, como la extrema sensualidad y el poder de la tensión, son utilizadas por ella para componer una metáfora de lo vivo.
 

Caroline Kesser
Zurich

Ana dibuja y pinta torsos de diosas triunfantes en actitud orgullosa, piernas que se desplazan sobre tacos aguja con la elegancia de un ¨mannequin¨, o que se balancean sobre la punta del pié como en la coreografía de un ballet. La estilización deliberada de esas figuras, llevada al punto de una belleza afichesca, aumenta la tensión interior. Esas piernas que parecen construidas para bailar, están listas ya para la marcha. Y para el violento salto, que venciendo todos los obstáculos, deja atrás la cárcel de cemento e inicia simbólicamente el camino hacia la libertad.
 

Ludmila Vachtova
Zurich

Ana Godel es una de esas transgresoras que no comercian con el artificio. Cada uno de sus dibujos es una invitación - una provocación - a atrapar lo inasible. Y es ese movimiento que ella convoca entre el ojo y el dibujo, lo que le da a su obra mayor intensidad y una belleza inquietante.
 

Marcelo Pichon Riviere

Buenos Aires

Ana Godel recoge en sus estructuras geométricas, cuidadosamente, cualquier desborde que implique traspasar tales límites y desvirtuar tal naturaleza, y los dibujos aparecen rigurosamente ajustados, sin renunciar a los misterios que conlleva cualquier visión poética, aún cuando esta permanezca bajo control.

La finalidad de tales apremios y exactitudes parece ser la de llegar a las más justas y necesarias articulaciones de formas, así como la gran poesía lírica llega a los más perfectos engastes de palabras, con el deseo de dar, sea a las formas, sea a las palabras, una belleza más intensa: la belleza pensada, buscada, elaborada, la belleza como trofeo final de una cacería.

Marta Traba

Bogotá  

... Y su poder de sugestión, tan plástico y tan estructurado, nos favorece poniendo en evidencia las relaciones más atrevidas existentes entre los elementos representados y que la composición entera - el cuadro en sí - ha dominado hasta conferirles, de mano maestra, una objetividad irresistible.

Todo está, pues, comunicado y exaltado, todo grave e intención sensual de ondulaciones o encuentros por lo negro y por lo blanco, todo con la única convicción que no traiciona al verdadero arte; la convicción que nos hace ver sin inmovilizarnos.

Federico Gorbea

Buenos Aires

La inocencia de Ana Godel no es ingenua, es de raíz. Canta el mundo en sus telas, canta el mundo, y se hace mundo para cantarlo. Para cantar lo fértil, lo feroz, lo fresco, lo que fluye, la fiera y feliz ferocidad con que el aliento y la armonía conviven y se confrontarán siempre con La Enemiga, con la Sombra. De eso, y por eso, hace su luz.

Rodolfo Alonso

Buenos Aires

En sus títulos, Ana Godel, sugiere el significado profundo de sus obras. Encontramos las palabras ¨distancia¨, ¨lejanía¨, ¨desarraigo¨, ¨ausencia¨. Palabras como señales de una tocante verdad existencial, que una vez pronunciadas, se entrelazan de una manera indeleble a las imágenes, proponiéndose como emblema de una vida secreta y doliente, ¨en busca de salida¨, que deviene intrépida al cristalizar los sentimientos en la forma.

Lorenza Trucchi

Roma

Con sorprendente maestría técnica, Godel captura el sutil pasaje de la realidad a la ficción aceptando las tenues gradaciones de la litografía, el dibujo, la témpera y la acuarela. Nada mejor que el papel, por otra parte, para captar las connotaciones poéticas de su visión ficcional. Cual una membrana sensible, él registra las variaciones de la luz y la sombra en materias que se pliegan, se tuercen y se anudan en el malabarismo de un juego de metamorfosis, juego en el que se incluyen, como protagonistas implícitos, el soplo, el vuelo y el movimiento suspendido.

Elena Oliveras

Buenos Aires

Con toda su carga emocional y sensorial, con su plasticidad, el cuerpo es el gran protagonista, el territorio fascinante y misterioso. 

Es nuestro magnífico gran desconocido. Y aún más lo es el cuerpo de la mujer, cargado por las codificaciones y tabúes que le ha impuesto la sociedad.

Elba Pérez

Buenos Aires

Un más que interesante uso de la perspectiva, el manejo acendrado de técnicas variadas (grabado, dibujo, cerámica, óleo, etc.), su interés cuasi voraz que parte de lo geométrico y llega a la extrema figuración en relatos y paisajes: alegorías de lo real, en suma, para sitiarlo y expresarlo con admirable amplitud.

Es por esa adición cualitativa que su obra admite múltiples lecturas; tanto el universo entero, su cielo estrellado, como retratos en particular, su asuntiva inmersión en el mestizaje americano activan en el espectador pluralidad de percepciones y co-relaciones: más allá del conocido ¨nada de lo humano me es ajeno¨, Ana Godel planta banderas profundas mediante un mástil que imaginamos viviente: de allí nuestra elección del árbol como símbolo viviente del poderío siempre expansivo de su obra, que opera hondamente tanto en lo imaginario como en lo real.

Osvaldo Mastromauro

Buenos Aires

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